Imágenes

Por Sandra Russo

Nunca hubo electorados tan vulnerables a la imagen como ahora, porque nunca la reproducción de las imágenes fue tan vertiginosa ni tan obligatoria. Hay una brecha generacional tajante entre los jóvenes que en los recitales prendían sus encendedores y los que hoy encienden sus celulares. Con ellos hacen muchas operaciones, entre ellas sacar fotos. La foto es una “función” que se pone en acto y que inunda nuestras retinas de esas imágenes imprecisas y de encuadres MTV.

La Era de las Comunicaciones traficó la Era de la Imagen: es ella, y no el texto, la que gobierna la información. Tanto la que tenemos sobre los otros en la esfera privada, como la que sirve para dirimir cuestiones en lo público. La Sociedad de la Imagen es de derecha: se esfuerza por presentarla neutra, como una representación de la realidad que impide otras representaciones. La imagen no es tal cosa. En principio, es una mercancía con valor.

Millones de personas en el mundo viven de su imagen. Millones confían sus votos a la imagen de un candidato. El consultor de imagen ya no opina sobre el aspecto de un dirigente, sino en las conductas políticas apropiadas para salir de todos los enredos: imagen de honestidad, imagen de austeridad, imagen de autoridad, en fin, en la góndola hay de todo. La imagen no es reproducción de realidad, sino construcción de espejismo y excusa para la adjetivación. (…)

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Fuente: Diario Página 12 – 08/01/2011

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Lo nuevo, lo verdaderamente nuevo

Por Sergio Rodríguez Lascano / Revista Rebeldía (México)

“Comparada con procesos anteriores, la conciencia social es hoy mucho más extendida, menos localizada, más nacional, aunque todavía está dispersa. Esa conciencia se expresa en la carencia de confianza o de fe en las instituciones del Estado mexicano y en el abandono de esa especie de sumisión y/o indiferencia ante lo que pasa. Representa una forma nueva de comprensión de la realidad como producto de lo que me sucede a mí o a mi amigo o compañera. Se trata de una conciencia insumisa, colérica, que ha dejado de tener la más mínima confianza en las instituciones. Se trata de una conciencia diferente al economicismo o a la conciencia reivindicativa. Ellos y ellas, con su conciencia colérica, están estableciendo el calendario que abajo se trabaja. Ese calendario es diferente al que, desde el poder, se nos quiere imponer. Los ritmos y los tiempos de la confrontación están de nuestro lado, nos pertenecen.

El carácter del movimiento que se está expresando abajo es plural y diverso, ahí reside su riqueza (lo que para algunos es su debilidad). Un movimiento que no es de clase, desde el punto de vista sociológico, pero que entendido desde el punto de vista político sí lo es: es de las clases de los de abajo, de los que no tienen nada más que su fuerza de trabajo para vender. Un movimiento que no es ideológicamente homogéneo, pero que sí tiene una serie de ideas-fuerza muy precisas y muy machacadas. Un movimiento que no es políticamente correcto, pero que es el único que todavía puede ofrecer una salida civilizada a la barbarie a la que el “progreso” neoliberal nos ha conducido. Un movimiento de los débiles, chaparros y lentos.

No somos un sujeto de cromo, somos débiles, lentos y bajos porque somos la gran mayoría de la población. Un movimiento carente de estrategas pero lleno de voluntad de lucha y de creatividad. Un movimiento sin vanguardia, pero que actúa como una vanguardia que ayuda a dinamizar nuevos movimientos sociales. Un movimiento sin un programa global, que es en sí mismo un programa de lucha. Un movimiento que no busca los reflectores, pero al cual inevitablemente los reflectores girarán para iluminarlo. Un movimiento sin jefes, ni caudillos, ni presidentes legítimos. Un movimiento que solamente cuenta con sus propias fuerzas y que hace de esa necesidad su virtud. (…)

Y el momento histórico de la irrupción autónoma de los de abajo se va alejando progresivamente, para ellos, hacia un futuro inalcanzable. Un movimiento que sin ser político en sus orígenes se ha convertido en lo más político que existe hoy en nuestra nación.”
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Fuente: Nro 72 de la Revista Rebeldía (México) – Agosto 2010

La violencia contra la naturaleza o el poder desnudo de las transnacionales

Por Jorge Eduardo Rulli (Grupo de Reflexión Rural)


Millones de argentinos sufren el hambre y la desnutrición, en la tierra que alguna vez fuera llamada granja del mundo. Otros millones se alimentan malamente con comidas industrializadas que, jamás habrían imaginado ingerir sus antepasados. En el Paraguay de Lugo el ejército todavía suele acompañar a las topadoras, a las máquinas de siembra directa y a los fumigadores brasiguayos, mientras el éxodo a las ciudades como Asunción se torna masivo. En Brasil, el gobierno de Lula acepta ser el exponente más claro del nuevo modelo de las corporaciones, y mientras presiona en los foros internacionales a favor de los biocombustibles convierte al Cono Sur en su patio trasero y de repoblamiento poblacional. En Uruguay, los líderes del Frente Amplio le demuestran al mundo su propia experiencia en socialismo municipal a la vez que su enorme indiferencia respecto al medio ambiente: no son capaces siquiera de comprender que las papeleras expresan un modelo de país monocultor de eucaliptos, que la soja contrabandeada desde la Argentina para no pagar las retenciones y la aprobación de semillas genéticamente modificadas como el arroz con caroteno, configuran el destino colonial del Uruguay en el siglo XXI. En Bolivia, la intervención de Lula y de Cristina ante la amenaza de la guerra civil, logró que se quitara de la nueva Constitución la prohibición a los organismos genéticamente modificados y ello parece haber detenido la confrontación, probablemente también los ímpetus de cambios existentes. El movimiento secesionista santacruceño se apoya fundamentalmente en los intereses de los sojeros y arroceros del departamento de Santa Cruz, cuyas exportaciones crecientes casi equiparan hoy a las exportaciones del gas boliviano. Desde estas perspectivas, tanto de la ecología como de la implantación de nuevos procesos de colonialismo corporativo, el común de las miradas que tan sólo logran un recuento de países latinoamericanos ordenados a izquierdas o a derechas, parecieran evadir la creciente complejidad de las situaciones locales, y nos hacen prisioneros de la confusión de los viejos paradigmas de los años 60 y 70 sin poder resolver los desafíos del presente.


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Fuente: Nro 42 de la Revista Herramienta – Octubre 2009

Médicos por la vida y contra la megaminería

Por Médicos de Tinogasta, Catamarca

 

Los médicos del Departamento Tinogasta repudian los dichos de todas aquellas personasque los trataron y tratan de mentirosos por manifestarnos en contra de la mineríacontaminante, Igualmente repudian las declaraciones de “aquellas personas, entre ellas por políticos de renombre, que con total liviandad y sin conocimientos en salud tratan de mentirosos y dementes a un grupo de ambientalistas denominados “Autoconvocados por la vida”, solo por que estos bregan por la salud de la población al intentar impedir la instalación de empresas mineras con potencial contaminante.”

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Fuente: No a la Mina – 23/10/2010

 

“Detrás de cada delito ambiental, se esconde un funcionario corrupto”

Entrevista al Fiscal Federal Antonio Gómez

Antonio Gómez es el representante de la Argentina ante la Red Latinoamericana de los Ministerios Públicos Ambientales, organismo creado con el objetivo de paliar un problema regional: la escasa efectividad a la hora de implementar las leyes ambientales. En 2008, sobre la base de denuncias de las comunidades de Catamarca y Tucumán, comenzó una investigación contra Minera Alumbrera.

-¿Qué opinión tiene acerca de las promesas de cuidado ambiental, desarrollo local, puestos de trabajo numerosos, entre otros conceptos, siempre presentes en el discurso de las empresas?

-Yo lo llamo contaminación social. ¿Por qué? Porque es la misma técnica que utiliza un narcotraficante que produce droga en un ámbito local: darle plata a la iglesia para el campanario nuevo, a la municipalidad para un gimnasio, al gobierno de la provincia para que mejore un hospital o a la universidad para ampliar instalaciones. Es una técnica que algunos llaman de compromiso social empresario, donde lo que se pretende adquirir es el consenso social para seguir contaminando, pero es falso. A poco de andar, si uno analiza moralmente, comprende que nadie puede ganar dinero a costa de la salud de las personas.

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Fuente: DEF Digital / No a la Mina

Mover-se

El prólogo de Territorios en resistencia de Raúl Zibechi


Raúl Zibechi acaba de publicar Territorios en resistencia – Cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas, una investigación sobre el significado geopolítico y lo que está en juego en esos territorios que crecen por fuera del mercado y el Estado. El rol de los gobiernos. Los planes sociales, las oenegés y la educación popular: las nuevas formas de dominación en la batalla por el control de los movimientos sociales. Aquí, la introducción de este trabajo indispensable para pensar cuáles son las estrategias de vida y resistencia que se están gestando alrededor de las grandes ciudades del continente.

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Fuente: La Vaca (www.lavaca.org) – 23/08/2008

La toma

Por Raúl Zibechi


La irrupción de los más pobres de Buenos Aires en el escenario urbano, a través de tomas masivas de terrenos en reclamo de vivienda digna, estuvo al borde de generar una crisis política al desnudar los límites del actual modelo de acumulación. Finalmente, cuando la represión y el odio clasista se mostraron impotentes para contener lo que amenazaba convertirse en una oleada de ocupaciones, los gobiernos nacional y de la ciudad dejaron de lado su disputa preelectoral para firmar un acuerdo que no introduce soluciones de fondo pero establece una tensa tregua entre todos los actores (…)

Lo que no dice ni la derecha ni el gobierno, es que ese tsunami es consecuencia del modelo extractivista que unos y otros apoyan. El modelo de los monocultivos de soya (20 millones de hectáreas de las mejores tierras argentinas) y de la minería a cielo abierto está expulsando millones de argentinos, en general campesinos pobres, de sus tierras. Ese mismo modelo ha expulsado a los dos millones de paraguayos y al millón de bolivianos que llegaron a Argentina en los últimos años, cuando ya no pudieron seguir viviendo en sus parcelas, quemadas por el glifosato o contaminadas sus aguas con mercurio (…)


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Fuente: La Vaca (www.lavaca.org) – 17/12/2010

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