De los derechos ambientales a los derechos de la naturaleza.

Por Enrique Matías Viale

El hombre se desconectó de la naturaleza, la concibió como un objeto de conocimiento y de dominación. La visión antropocéntrica del mundo llevó a que se disuelva la visión animista y hermética de la naturaleza. A partir de allí, no quedó ninguna limitación ideológica o filosófica para que el hombre conciba a la naturaleza como una mera materialidad y capaz de brindar riquezas infinitas que satisfagan los avances del nuevo modelo de producción que empezó a consolidarse.

Durante décadas se creyó y algunos aún lo creen, que los recursos de la naturaleza eran ilimitados producto del forzado ADN extractivista que caracterizó a América Latina desde su conquista por los europeos.

El derecho acompañó la evolución de la relación: el derecho moderno consagró la naturaleza y sus elementos como una “cosa” susceptible de ser objeto del derecho de propiedad entendido como absoluto e ilimitado.

Con este marco resulta inevitable promover el giro de la visión antropocéntrica del derecho, a una dondela Naturalezasea el foco de la atención. Así comienza un proceso de desmercantilización dela Naturalezaque promueve paralelamente una relación armónica con ella, en realidad, como parte de ella.

Estos derechos defienden mantener los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras se asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas… En este campo, la justicia ecológica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como redes de vida. Esta justicia es independiente de la justicia ambiental. No es de su incumbencia la indemnización a los humanos por el daño ambiental. Se expresa en la restauración de los ecosistemas afectados.

En realidad se deben aplicar simultáneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecológica para la Naturaleza… Si aceptamos que es necesaria una nueva ética para reorganizar la vida en el planeta, resulta indispensable agregar a la justicia social y la justicia ambiental, la justicia ecológica.

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Fuente La Otra Campaña– Septiembre de 2011

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