El periodismo según Monsanto

malcomidostapaPor Soledad Barruti

 

Cuidate —me dijo una científica cuando le conté lo que me había pasado—. La táctica de Monsanto es siempre la misma: primero intentan con la seducción, si no funciona te difaman y si seguís molestándolos, te demandan.

Hacía un mes que mi libro, Malcomidos, estaba en la calle: en 465 páginas dice Monsanto sólo 27 veces. Sobre la empresa en particular no cuenta nada que no se haya contado antes: que la compañía ingresó a nuestro país hace 50 años como una empresa de plásticos y que en 1996, aprovechando la plataforma menemista de ensordecimiento público, se consolidó para instalar su experimento de cultivos transgénicos a campo abierto y en la comida de todos. Que logró la aprobación de sus productos sin siquiera traducir sus estudios, cuando (salvo Estados Unidos) ningún otro país parecía querer abrirle la puerta. Que los dos caballitos de batalla de la producción transgénica que impulsaban se habían ido cayendo a fuerza de realidad: ni había menos hambrientos en el mundo (la cifra coquetea año a año entre los 800 y mil millones), ni los cultivos eran menos tóxicos que los no transgénicos (se usan cada vez más plaguicidas para trabajar esos campos por la resistencia que ganan las malezas e insectos). Para escribir eso no necesitaba una entrevista con Monsanto. Además, estaba segura de que no me la habrían dado. La empresa no da entrevistas salvo a medios y periodistas aliados.

Y sin embargo, el mensaje.

Hola Soledad. Quería contactarte y no encontré otro medio más que este. Trabajo en Monsanto. Me gustaría conversar con vos sobre transgénicos y agroquímicos. Intercambiar opiniones y fuentes. Simplemente eso. Muchas gracias” (…)

 

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Fuente: Revista Anfibia – 05/02/2014

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Un alien de los medios

Entrevista a los miembros de Barcelona.

Por Diego Picotto

Hasta hace poco David Vinas repetía “el estilo es el nombre”. “El estilo lo es todo” reza una verdad popular vernácula. Y Barcelona, indudablemente, creó un estilo, estamos hablando del único medio periodístico que, serio y objetivo como ninguno, Trazó una estrategia a trazó plazo de aniquilación del Grán Diario Argentino (una suerte de abuelo rojo de 6,7,8). Y viene cumpliendo su cometido. Su magnitud hace que sea mencionada cada vez que alguien remite al #findelperiodismo. Quijotesca por opción, empuña la sátira mordaz, una aguda ironía, el más hiriente sarcasmo. Su Don Quijote sale viernes de por medio, al precio de un atado (barato) de puchos. A dos colores y en papel de diario. Con la artesanalidad del fanzine y la pretensión de Le Monde.

Pero no todas son rosas en tiempos de kirchnerismo intensivo. ¿Qué hacer con las armas de destrucción masiva cuando emerge de lo más profundo del cuerpo social una sensibilidad constructora? ¿Qué debe hacer el exterminador cuando ve surgir, desde adentro suyo y de modo inesperado, una esperanza? ¿Cómo actuar cuando crece el margen de lo no parodiable, cuando la incorrección ya no garpa?

Con 30 mil ejemplares vendidos cada quince días, pasaron a hacer un programa diario en Radio Nacional y se preparan para debutar en la TV pública. Hernán Ameijeiras, Eduardo Blanco, Mariano Lucano, Daniel Hiera y Pablo Marchetti: un grupo de amigos que no trabaja a sueldo de nadie, e inventaron la mejor y más corrosiva revista de la década pasada. Llegan tarde, unas dos horas. Ocho hombres, a las cuatro de la tarde de un martes, discurriendo sobre el periodismo y sus crisis, sobre los efectos del proyecto Barcelona en el oficio periodístico. Nada muy bueno puede pasar. O sí.


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Fuente: Revista Crisis nro.4 abril/mayo 2011

El cementerio de los elefantes (manifiesto)

por Enrique Orozco

El habla

De periodismo habla cualquiera. Menos nosotros. Los que trabajamos y vivimos en los medios, los asalariados del rubro, los que somos mayoría pero no gobernamos, los que de a ratos obturamos el deseo de cualquier patrón. (…)

La ideología

El periodismo insiste en ser una forma de intervención pública que, a través de un discurso repetitivo, encarna en el costado retardatario del sentido común. Cada vez más una ideología y cada vez menos un oficio. Eso es lo que nos interesa y debería interesarles también –por motivos distintos pero convergentes- a los que trazan sus líneas directrices. Porque se están suicidando demasiado rápido, muchachos. Y ustedes lo saben. (…)

La contradicción

El periodismo ortodoxo entiende la política únicamente en dos de sus facetas, la del robo, evidente y a gran escala, y la de la rosca. Allí donde la política habla de militancia y ofrenda, épica y amor (haciendo uso de su propia dosis de cinismo), el periodismo repone las nociones de punteros, activistas, mafias y piqueteros. El periodismo, que perdió su épica, se aplana así en una mirada despolitizada de la política. Para abordarla, decide comprimirla. Pero ya no puede. Esa cosmovisión se forjó en los años noventa en sincronía con el surgimiento de una generación ultraprecaria que mataba por ocupar un lugar en el firmamento mediático. (…)

La risa

El kirchnerismo lo advirtió tardíamente pero fue capaz de situar a los medios como actores políticos con intereses concretos. Kirchner los subió al ring y le fue bien. Comenzó de manera errática apuntando bajo hasta que dio un salto de calidad y enfrentó a Clarín, el socio discursivo predilecto de su mandato. En paralelo, casi con desesperación, comenzó a edificar un pool de medios afines. La continuidad de la política pasó a ser la guerra a través de los medios. Desde entonces, parece que no hay vida por fuera de la mediatización. (…)

El porvenir

El periodismo tiene un futuro incierto. Su pobreza simbólica y su obviedad lo encaminan a una supervivencia hecha de estertores que, sin embargo, puede durar décadas. A los medios no le ha llegado su propio Kirchner, ese representante del anciano régimen que tomó cuenta de la crisis terminal que carcomía a los de su clase y decidió abrirse a lo nuevo para sobrevivir. Los medios no ven esa necesidad. Sólo promueven jóvenes que cumplen con el requisito de ser viejos y leales. Pero nadie tiene el futuro asegurado. (…)

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Fuente: Revista Crisis nro.4 abril/mayo 2011

Imágenes

Por Sandra Russo

Nunca hubo electorados tan vulnerables a la imagen como ahora, porque nunca la reproducción de las imágenes fue tan vertiginosa ni tan obligatoria. Hay una brecha generacional tajante entre los jóvenes que en los recitales prendían sus encendedores y los que hoy encienden sus celulares. Con ellos hacen muchas operaciones, entre ellas sacar fotos. La foto es una “función” que se pone en acto y que inunda nuestras retinas de esas imágenes imprecisas y de encuadres MTV.

La Era de las Comunicaciones traficó la Era de la Imagen: es ella, y no el texto, la que gobierna la información. Tanto la que tenemos sobre los otros en la esfera privada, como la que sirve para dirimir cuestiones en lo público. La Sociedad de la Imagen es de derecha: se esfuerza por presentarla neutra, como una representación de la realidad que impide otras representaciones. La imagen no es tal cosa. En principio, es una mercancía con valor.

Millones de personas en el mundo viven de su imagen. Millones confían sus votos a la imagen de un candidato. El consultor de imagen ya no opina sobre el aspecto de un dirigente, sino en las conductas políticas apropiadas para salir de todos los enredos: imagen de honestidad, imagen de austeridad, imagen de autoridad, en fin, en la góndola hay de todo. La imagen no es reproducción de realidad, sino construcción de espejismo y excusa para la adjetivación. (…)

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Fuente: Diario Página 12 – 08/01/2011

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