Lo nuevo, lo verdaderamente nuevo

Por Sergio Rodríguez Lascano / Revista Rebeldía (México)

“Comparada con procesos anteriores, la conciencia social es hoy mucho más extendida, menos localizada, más nacional, aunque todavía está dispersa. Esa conciencia se expresa en la carencia de confianza o de fe en las instituciones del Estado mexicano y en el abandono de esa especie de sumisión y/o indiferencia ante lo que pasa. Representa una forma nueva de comprensión de la realidad como producto de lo que me sucede a mí o a mi amigo o compañera. Se trata de una conciencia insumisa, colérica, que ha dejado de tener la más mínima confianza en las instituciones. Se trata de una conciencia diferente al economicismo o a la conciencia reivindicativa. Ellos y ellas, con su conciencia colérica, están estableciendo el calendario que abajo se trabaja. Ese calendario es diferente al que, desde el poder, se nos quiere imponer. Los ritmos y los tiempos de la confrontación están de nuestro lado, nos pertenecen.

El carácter del movimiento que se está expresando abajo es plural y diverso, ahí reside su riqueza (lo que para algunos es su debilidad). Un movimiento que no es de clase, desde el punto de vista sociológico, pero que entendido desde el punto de vista político sí lo es: es de las clases de los de abajo, de los que no tienen nada más que su fuerza de trabajo para vender. Un movimiento que no es ideológicamente homogéneo, pero que sí tiene una serie de ideas-fuerza muy precisas y muy machacadas. Un movimiento que no es políticamente correcto, pero que es el único que todavía puede ofrecer una salida civilizada a la barbarie a la que el “progreso” neoliberal nos ha conducido. Un movimiento de los débiles, chaparros y lentos.

No somos un sujeto de cromo, somos débiles, lentos y bajos porque somos la gran mayoría de la población. Un movimiento carente de estrategas pero lleno de voluntad de lucha y de creatividad. Un movimiento sin vanguardia, pero que actúa como una vanguardia que ayuda a dinamizar nuevos movimientos sociales. Un movimiento sin un programa global, que es en sí mismo un programa de lucha. Un movimiento que no busca los reflectores, pero al cual inevitablemente los reflectores girarán para iluminarlo. Un movimiento sin jefes, ni caudillos, ni presidentes legítimos. Un movimiento que solamente cuenta con sus propias fuerzas y que hace de esa necesidad su virtud. (…)

Y el momento histórico de la irrupción autónoma de los de abajo se va alejando progresivamente, para ellos, hacia un futuro inalcanzable. Un movimiento que sin ser político en sus orígenes se ha convertido en lo más político que existe hoy en nuestra nación.”
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Fuente: Nro 72 de la Revista Rebeldía (México) – Agosto 2010

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