“Los que estamos en las ciudades tenemos que replantearnos que los alimentos son un tema de todos”

Conversamos con Silvia Ribeiro, integrante del ETC Group (Grupo de Acción en Erosión, Tecnología y Concentración) y del comité editorial de la Revista “Biodiversidad, sustento y culturas”.

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El fracaso del paquete tecnológico de siembra directa de semillas transgénicas con aplicaciones masivas de agrotóxicos, es categórico. Ninguno de los slogans que el agronegocio enarboló para instalarse queda en pie y, en la Argentina, la imagen 20 años después es desoladora. Aún así, para este modelo recapitular no es opción, y huye hacia adelante desarrollando tecnologías cada vez más agresivas con la naturaleza de la que los seres humanos somos parte. Mediante nuevas técnicas de edición genómica se han podido desarrollar herramientas capaces de alterar las leyes de la herencia, y por lo tanto, producir modificaciones permanentes en los ecosistemas; sea introduciendo nuevas especies de insectos, animales o plantas en la inabarcable complejidad natural, también capaces de llevar especies o poblaciones enteras a la extinción…

El alumbramiento de esta tecnología ha dejado atónito a buena parte del mundo científico al hacerse evidente su capacidad de daño, no sólo en los ecosistemas naturales y agrícolas, sino también por su potencial uso como arma.

Estos desarrollos llegan en un momento de fuerte concentración empresaria que anuncia el nacimiento de mega-corporaciones integradas verticalmente, desde la semilla hasta el seguro agrícola; que amenazan jaquear aún más la Soberanía Alimentaria de nuestros pueblos.

Aún en este escenario ya difícil, y con nuevas tormentas que se vislumbran, en los abajos del mundo se produce la gran mayoría de lo que nos alimenta, y es donde se urden las tramas desde donde resistir el embate y abrir el debate profundo sobre nuestras formas de estar en esta tierra.

Sobre todas estas cuestiones conversamos con Silvia, quizá de las personas que más saben al respecto en el mundo.

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“Los ecocidas nos llaman ´ecoterroristas´”

Conversamos con integrantes de Vecinxs Autoconvocadxs de Dique Chico, Córdoba, comuna en lucha contra las fumigaciones del agronegocio.

 

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Los primeros días de octubre, la comuna de Dique Chico que cuenta actualmente con unos 400 habitantes estables y que se sitúa a unos 17 kilómetros de la Ciudad de Alta Gracia y a unos 50 de la ciudad de Córdoba,  se vio alterada por una inusual protesta de productores rurales de pueblos aledaños. Decenas de tractores y tres productores encadenados frente a la sede del Jefe Comunal en protesta contra la resolución que busca limitar las fumigaciones con agroquímicos, estableciendo una zona de resguardo de 2000 metros de distancia del ejido urbano.

Para interiorizarnos sobre la situación actual y el camino recorrido, dialogamos con los Vecinxs Autoconvocadxs de esa pequeña comuna cordobesa.

Fotos: Karina Avalos (fb: Karina Avalos Fotografia)

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El cuidado de la vida es una militancia

Conversamos con Mariela Leiva, de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER) y la Campaña Paren de Fumigar las Escuelas

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Cuando el juez dijo “culpables” el aire cambió, aunque en la Sala del Tribunal Oral de Concepción del Uruguay, la tensión no se entregaba todavía: “culpables” pero apenas unos murmullos y espasmos de sillas, como sin dar crédito. El juez seguía diciendo cosas entre las que podía venir la puñalada artera. Al fin, cuando no hubo más que decir pasó como en esas películas donde el agua flota hasta que algo la devuelve a la gravedad para empapar; esta vez con gritos, con “vamos!”, con abrazos, cantitos y pancartas clandestinas.

El 3 de octubre de 2017, fue un día histórico. En Concepción del Uruguay la justicia condenó a 3 personas a 18 meses de cárcel (en suspenso) por fumigar sobre la Escuela nro.44 “República Argentina” de Santa Anita… con todos lxs chicxs y la docente, Mariela Leiva de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER), adentro. Los condenados fueron el dueño del campo que contrató la fumigación, el presidente de la empresa fumigadora y el piloto. El precedente es importantísimo para que los agrotóxicos salgan de la cotidianeidad de nuestras escuelas rurales.

A diferencia de otras provincias donde parece que las preocupaciones de los gremios se circunscriben solo  a asuntos salariales, AGMER motorizó la Campaña Paren de Fumigar las Escuelas pues sus afiliados y los chicos de sus escuelas están siendo atacados por un modelo productivo capaz de fumigar escuelas y chicos como si fueran “un yuyo más”. La misma Mariela Leiva es la referente de la campaña, y entre la emoción, atender a los medios, abrazar compañerxs y recibir el aliento que llegaba de todo el país, se hizo un tiempito para conversar con Huerquen.

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“Nunca va a haber justicia social mientras la tierra esté en pocas manos”

Conversamos con Benigno López y Héctor Agüero del Frente Nacional Campesino.

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En apenas 5 letras “campo” es una palabra capaz de convocar a su alrededor las imágenes más diversas, y desatar los debates más encarnizados. Toda nuestra historia la encontró dividiendo aguas y resumiendo muchos de sus momentos más dolorosos y terribles. Ahora mismo sigue siendo así aunque la enorme mayoría nos apiñemos en grandes conglomerados urbanos, y lo que pasa más allá del asfalto pueda parecer cosa de otro mundo.

Esto que llamamos Argentina, consolidado territorialmente sobre el genocidio de los pueblos originarios, tiene enormes extensiones del suelo más fértil del mundo, con diversidad de ambientes y climas como casi ningún otro lugar. En los últimos 20 años, de la mano del agronegocio, eso que se dice “campo” cambió totalmente. Desbordando zona pampeana, el paquete de siembra directa de semillas transgénicas y aplicaciones masivas de agrotóxicos, fue empujando la frontera agrícola hacia zonas inéditas desplazando todo: lo que queda de bosque nativo; tambos, ganadería, otras producciones; comunidades campesinas e indígenas, y con ellas toda otra forma de entender y habitar los territorios por fuera de las lógicas de mercado. El “granero del mundo” pasó a producir commodities que pueden alimentar desde chanchos chinos hasta motores. Así, junto a cada hectárea ganada para el agronegocio, fueron alambrando también la palabra “campo” y, como en el territorio, dejando afuera de ella todo lo que no sea a su imagen y semejanza.

Más allá de las grandes extensiones de commodities fumigados, más allá de los sentidos que se cierran y clausuran; hay gente que dice otra cosa al decir “campo” y desde ahí plantea otra forma de estar en la tierra y de vincularse con lxs que habitamos los pueblos y ciudades. A pocos días de reunirse en Buenos Aires, recuperamos un diálogo muy reciente con Benigno y Héctor, referentes del Frente Nacional Campesino.

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“Está demostrado que desde una chacra hasta un campo grande, se puede producir en forma agroecológica y rentable”

Conversamos con Gabriel Arisnabarreta. Ingeniero Agrónomo, docente y productor agroecológico, integrante del grupo ECOS de Saladillo.

 

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Debatir el agronegocio implica ir mucho más allá de nombrar trasnacionales, decir “fuera!”, y (lamentablemente) contar muertxs. La tragedia cotidiana que se repite en tantos territorios hunde sus raíces transgénicas en formas de ver(nos en) el mundo que impactan mucho más allá de las áreas rurales. La quimera de creer que el agronegocio es “sustentable” y “sostenible en el tiempo” no puede disociarse de la “fé tecno-científica” y el pensamiento único que irradia desde los centros de poder mundial hacia nuestras sociedades; a veces de forma brutal, pero otras de modos sutiles que, como susurros, activan sentidos añejos y potentes de pensar(nos). El “Progreso” que ofrece el agronegocio ha sabido instalarse casi como un sentido común: lo que queda afuera es “locura”, “atraso”, “ambientalismo infantil”, o en forma creciente “terrorismo”. Como algunxs han señalado con claridad, no se trata sólo de una forma de producir commodities: quienes lo sostienen, traen también un proyecto de sociedad.

¿Y nosotrxs? En los años que lleva esta lucha, cuántas veces nos plantearon “¿y ustedes qué proponen?” …y quizá, atados al mástil de denunciar el saqueo y defender la vida, trastabillamos, todavía insegurxs sobre qué proponer(nos) “a nivel macro”. Del fondo de nuestras historias colectivas empezaron a hacerse visibles los proyectos alternativos y las experiencias concretas: Soberanía Alimentaria, Buen Vivir, Agroecología…

El 8vo. Encuentro de Pueblos Fumigados en San Andrés de Giles cobijó el 1ro de Agroecología: comisión superpoblada, donde la diversidad de aristas que afloraron desbordó el debate. En la marcha de cierre se palpaba la alegría del salto: poder decir bien fuerte “hay alternativa: AGROECOLOGÍA!”. En medio de todo nos hicimos un tiempito para charlar con Gabriel Arisnabarreta, ingeniero agrónomo, docente y productor agroecológico; integrante de ECOS de Saladillo.

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“Lo que nosotras atacamos es el sistema prostituyente.”

Conversamos con Margarita Meira, referente de Madres Víctimas de Trata (MVT), y con Heliana, Micaela y Romina que también integran la Red SE TRATA DE NO + TRATA.

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¿Te imaginaste alguna vez qué sentirías si desapareciera tu hija? ¿Sos capaz de ponerte en los zapatos de esxs a quienes les falta una hermana, una amiga o su compañera? Y que esa cara amada de repente saliera de las fotos personales para reproducirse en cadenas de búsqueda. Paladear esa ausencia es tan insoportable como mirar fijo al sol. ¿Dónde está; con quién; qué come; por qué la tienen; qué le hacen? Tratá de imaginártelo, es realmente enloquecedor…

Según estimaciones de algunas organizaciones en Argentina cada año, “desaparecen” alrededor de 500 chiquitas, y en la triple frontera la trata implica 4 mil niñas y adolescentes (*). La trata está entre nosotrxs hace rato y, como cantamos en cada marcha, las que nos faltan “no están perdidas, son desaparecidas para ser prostituidas”. Están en alguno de los miles de prostíbulos que funcionan en nuestro país con la complicidad de diversos estamentos del Estado: fuerzas de “seguridad”, sectores de la justicia y la política; además del silencio del periodismo mainstream.

Superando ese dolor tremendo, esa la angustia que amenaza disolverte, de frente a este monstruo enorme: (cuando no!) un puñado de mujeres.

A pocos días de comenzar una nueva edición de la Semana SE TRATA DE NO + TRATA, con que colectivos de lo más diverso y en forma descentralizada, van a intervenir los espacios para que tomemos conciencia como sociedad de esto, nos sentamos a conversar con algunas de estas compañeras capaces de alumbrar ahí donde la noche es más oscura.

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“Las docentes rurales somos testigos directos del costo humano de este sistema basado en transgénicos y venenos.”

Conversamos con Ana Zabaloy, docente y psicopedagoga, integrante de la Red de Docentes por la Vida de la Provincia de BsAs.

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¿Qué harías si un día tu hijx vuelve de la escuela y te cuenta que mientras estaban escribiendo o dibujando, pasó un hombre fumigando entre los pupitres? ¿Podemos desde las grandes ciudades dimensionar la locura de que prácticamente todas las escuelas rurales sean fumigadas? ¿Cómo podemos naturalizar que parte de los millones de litros de agrotóxicos que se usan en Argentina terminen sobre toboganes, calesitas y subibajas; en bebederos y tanques de agua; en sus cuerpitos que se abren a la vida?

Quizá para tratar de entender haya que buscar en la forma de mirar de quienes sostienen este modelo de agronegocios, obnubilados por el deseo de extensiones ininterrumpidas de commodities… Campos sin agricultores ni ranchos, sin montes ni otros cultivos que “molesten” el avance arrollador de lo único que tendría sentido. Campos sin “atraso”. Quizá en esos delirios una escuela rural y un puñado de chicos estudiando sean un estorbo más y, como si fueran otra “maleza” o “plaga” a combatir, su destino sea ser fumigados.

Durante el 8vo. Encuentro de Pueblos Fumigados de BsAs, “Escuelas Rurales” fue una de las cinco comisiones de debate y reflexión que funcionaron. En medio de las muchas actividades que hubo nos hicimos un tiempito para conversar con Ana.

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